Los Retos de la Familia - 9° Parte: Los retos-desafíos de la Familia




LOS RETOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL

Mons. Juan Antonio Reig Pla Obispo de Alcalá de Henares Vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia (Sección Española)

Continuación



III. LOS RETOS-TAREAS DE LA PASTORAL FAMILIAR RENOVADA


Atendiendo a las cuestiones que considero más urgentes y a las circunstancias que concurren en este momento referidas al matrimonio y a la familia, señalo, a continuación, aquellas tareas que habría que tener en cuenta para promover, entre todos, una pastoral familiar renovada. Todas ellas deben ser pensadas, oradas y llevadas a cabo desde la verdad del designio amoroso de Dios revelado en la persona de Cristo. «En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto» (Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate, n. 1, 29-06-2009). En ocasiones sólo cabe proponer la verdad en la caridad, orar y acompañar; así lo enseñaba el Cardenal Jorge Mario Bergoglio: aproximarse bien a la realidad, aproximarse bien al prójimo «implica comunicar la belleza de la caridad en la verdad. Cuando la verdad es dolorosa y el bien difícil de realizar, la belleza está en ese amor que comparte el dolor, con respeto y de manera digna» (Conferencia “Comunicador ¿Quién es tu prójimo?”, 10-10-2002).

1. La gestación del sujeto cristiano: la iniciación cristiana según el modelo del catecumenado bautismal

La pastoral familiar en estos momentos constata la debilidad del sujeto cristiano. Los candidatos a la celebración del sacramento del matrimonio, aunque bautizados, manifiestan una fe muy débil; muchos de ellos sin práctica ni experiencia cristiana. Ha descendido alarmantemente la nupcialidad y se ha retrasado el momento de celebrar el sacramento del matrimonio. Muchas parejas solicitan el sacramento cuando llevan años conviviendo y, muchos, con hijos.

Esta situación reclama vincular la pastoral familiar con una lúcida iniciación cristiana, ‒según el modelo del catecumenado bautismal‒, de los niños-adolescentes, jóvenes y adultos. Esto exige, a su vez, una conversión pastoral de la parroquia y de los procesos catequéticos. La parroquia necesita contar con las familias cristianas, adquirir un rostro familiar y desarrollar procesos comunitarios donde sea posible la gestación del sujeto cristiano. La implicación de laicos formados, en comunión con los sacerdotes, es imprescindible. Los movimientos matrimoniales y familiares, los nuevos movimientos y las comunidades eclesiales pueden prestar un buen servicio a las parroquias. Estas deben contar con su equipo de Pastoral Familiar que conozca bien las claves de la antropología adecuada, la doctrina católica sobre la vida, el sacramento del matrimonio y la familia, así como las orientaciones de la Familiaris consortio, del Directorio de la Pastoral Familiar en España, la Exhortación del Papa Francisco Amoris laetitia y del resto del Magisterio de la Iglesia.

2. Itinerarios de maduración de la masculinidad y la feminidad

Para amar y donarse en cualquier ámbito de la vida (conyugal, familiar, laboral, etc.), primero hay que poseerse, a esta virtud la llamamos castidad; es por ello que castidad y caridad no son virtudes “privadas” sino que son dos virtudes con dimensión social y política que es esencial revindicar en el foro público.

Pero además, castidad y caridad se configuran y expresan, en los seres humanos, en la diferencia varón-mujer, y de ninguna otra manera, de ahí la necesidad de que el padre y la madre realicen su misión educativa diferente pero complementaria a la vez. Desde la infancia es necesario cultivar y reafirmar el sentido de la masculinidad en los hijos varones y el sentido de la feminidad en las hijas. Para ello es necesario una colaboración permanente con la escuela y la catequesis a través de itinerarios de maduración de la feminidad y la masculinidad en el contexto de la iniciación cristiana. Sólo podemos amar como varones o mujeres. Los Centros de Orientación Familiar emergen aquí como un instrumento en estos procesos de maduración cuando las heridas afectivas se hacen evidentes.

3. La educación afectivo-sexual

Junto a la iniciación cristiana, y como contenido necesario en los procesos catequéticos, es urgente introducir programas de educación afectivo-sexual. Esta se confía de manera singular a las familias. Las parroquias y los centros educativos cooperan con los padres para complementar y desarrollar todos sus aspectos.

La educación sexual tiene como horizonte acompañar y orientar la vocación al amor; implica el desarrollo de las virtudes y, de modo especial, la virtud de la castidad. Tanto la vocación al amor, la conquista con la gracia de la libertad personal para el don, como la virtud de la castidad reclaman espacios familiares y comunitarios donde se visibilice el trato respetuoso, la belleza de la amistad y el gozo de la convivencia y la fraternidad cristiana.

Las escuelas de padres y las escuelas de familia pueden prestar una buena ayuda para este tipo de educación.

4. La preparación del matrimonio

La preparación para el matrimonio cristiano ha de ser vista como un proceso gradual y continuo que la Familiaris consortio sistematiza en tres etapas: remota, próxima e inmediata.

Esta preparación, acompañada de la educación afectivo-sexual, ha de vivirse como un proceso evangelizador desarrollado al modo del discipulado de Cristo. En definitiva se trata de discernir la llamada del Maestro a seguirle en la vocación esponsal-conyugal como un camino que tiene como horizonte la santidad de vida.

Este discipulado en el que se discierne la vocación al matrimonio, la elección del que puede ser el futuro esposo o la futura esposa, ha de desarrollarse como un itinerario de fe que incluya toda la experiencia de la Iglesia: oración, escucha de la Palabra, celebración de la Penitencia y de la Eucaristía, acompañamiento del testimonio de otros matrimonios, formación cristiana y, según las etapas, preparación para la celebración fructuosa del sacramento del matrimonio y para la vida y misión de la familia.

La Familiaris consortio indica que las etapas de preparación al matrimonio “se han de programar a modo de catecumenado y como verdaderos itinerarios de fe” (FC 66). Con esto se está indicando que no es suficiente proponer a los jóvenes algunas verdades que les puedan ayudar o algunos testimonios que les sirvan de guía. Se trata de verdaderos procesos de evangelización que han de vincularse tanto con los procesos catequéticos ordinarios como con la pastoral juvenil.

Para la preparación próxima e inmediata se ha de ofrecer itinerarios, procesos de auténtico discipulado que cuenten con el tiempo suficiente para desplegar todos los aspectos de la vida cristiana y los específicos de la vida matrimonial y familiar. Dada la situación de nuestros jóvenes no habría que disminuir las exigencias de estos itinerarios que pueden ser complementados con momentos de convivencia, retiros y ejercicios espirituales.

5. La preparación inmediata a la celebración del sacramento del matrimonio

Como complemento de lo dicho anteriormente, la preparación inmediata a la celebración del sacramento del matrimonio requiere una atención especial. Además de acoger a los novios con respeto y con una mirada cargada de ternura y misericordia, se ha de procurar mejorar todos aquellos aspectos que contribuyan a la validez del matrimonio y a su celebración fructuosa.

a) Las entrevistas para los expedientes matrimoniales
Estas son una ocasión espléndida para conocer en profundidad a los candidatos y deben ser desarrolladas con la seriedad que merecen por parte de laicos formados y reservando el tiempo necesario para el trato pastoral con el sacerdote. Más allá del carácter burocrático, las entrevistas son ocasiones de evangelización y de propuestas de itinerarios a seguir.

b) La celebración de la Penitencia y de la Eucaristía
Los sacerdotes, ayudados de los laicos, han de procurar que dentro del itinerario de la preparación inmediata, se incluya la celebración penitencial, la renovación de las promesas del bautismo si se considera oportuno y la celebración de la Eucaristía. Por su parte el sacerdote debe aconsejar que celebren el sacramento en gracia de Dios y en el contexto de la Eucaristía. Para ello deberá mostrarse disponible a acompañarles en la conversión y confesión de los pecados.

c) Contenidos doctrinales y vida cristiana
En el desarrollo de la preparación inmediata, además de los temas fundamentales de la vida cristiana, los candidatos deben conocer bien la doctrina de la Iglesia sobre el sacramento del matrimonio, sus notas de unidad e indisolubilidad, las características del amor conyugal, la vocación a la paternidad y a la maternidad ejercidas de manera responsable y la necesidad de cultivar su pertenencia a la Iglesia para ser acompañados en el desarrollo de su vida matrimonial.

d) Celebración expresiva de la fe
Los aspectos de la celebración requieren ser cuidados para que sean expresivos de fe y de verdadera fiesta evitando todo tipo de exageraciones.

6. La formación del laicado

La Pastoral Familiar necesita de laicos bien formados y testigos de vida cristiana auténtica. Para ello es urgente ofrecer en todas las diócesis ámbitos formativos específicos en los aspectos de Bioética, Matrimonio, Familia y Doctrina Social de la Iglesia. Los Institutos de Familia están llamados a cumplir esta misión procurando extender sus propuestas formativas a las zonas donde puedan acceder verdaderamente los laicos.

La conversión pastoral de la que nos habla el Papa Francisco requiere apostar seriamente por una formación integral y específica de los laicos. A ellos se les confían la mayor parte de las tareas de la pastoral familiar: el crecer como familias que sean verdaderos sujetos de evangelización y transmisión de la fe; el colaborar en la educación sexual y en la preparación al matrimonio; el promover las escuelas de familias y cuantos medios formativos puedan ayudar a los esposos y padres; el desarrollar procesos preventivos y de verdadera orientación en los Centros de Orientación familiar; el desarrollar itinerarios de formación en las cuestiones referentes a la vida humana, a la educación de los hijos; la ayuda a las familias con situaciones difíciles: falta de armonía familiar, adicciones, trastornos de orientación e identidad sexual, situaciones de pobreza —que tienden a ampliarse y perpetuarse como parte orgánica de verdaderas estructuras de pecado en el campo de la economía y la política— maltrato, enfermedades, esterilidad, etc.

Del mismo modo necesitan los laicos conocer bien, sin reduccionismos y en toda su amplitud, la Doctrina Social de la Iglesia para su compromiso temporal y para desarrollar de manera asociada aquellas instituciones y asociaciones que favorezcan el desarrollo de la institución familiar y la defensa de la vida humana. Hoy es urgente, además, “la necesidad de prestar un gran interés a las mediaciones naturales, y efectuar una crítica correlativa de las estructuras sociales y políticas contrarias a la naturaleza. Jean Daniélou16 ideó una fórmula acertada, utilizada como título de un pequeño libro, L’oraison problème politique, queriendo decir con ello una verdad muy general: la vida interior no sería posible a la mayoría sin la ayuda de estructuras sociales sanas, sin el arraigo en esta multitud de bienes que, ordenados a su fin supremo, constituyen conjuntamente el bien común de una sociedad”17.

Por tanto, “conviene rehabilitar la política. Una de las consecuencias del llamado «final de la política» es la respuesta comunitarista, que concluye lógicamente en la aceptación de la privatización de la religión. Se comprende como huida o toma de distancia hacia el carácter invivible de una gran comunidad sin fronteras definidas, sin pasado y sin ideal común, aunque participe lamentablemente del mismo fenómeno de destrucción si se define sin otra pretensión que ella misma, en nombre de una identidad privada. Por otra parte hay que ser conscientes del hecho de que, si hoy el terreno propiamente político ha sido prácticamente abandonado por las jóvenes generaciones de católicos occidentales, es en gran parte porque ante el fenómeno de destrucción de los marcos culturales e institucionales nacionales que caracterizan a la fase actual de la modernidad, el mundo católico más «occidentalizado» ha seguido sus pasos, sin dejar otro opción que el repliegue a un espíritu desencarnado. En este caso, el colmo del comunitarismo se alcanza cuando el refugiarse en la «sociedad civil» y la pérdida de sentimiento de pertenencia nacional vuelven a los hechos a un encierro en formas de sociabilidad religiosa (reuniones, peregrinaciones, grupos de oración), sin duda buenas en sí mismas, pero muy alejadas de la implicación de los laicos en la primacía que hay que conceder al bien común»18.

7. Escuela de padres

Las Escuelas de padres parten de la necesidad de formar y acompañar a los padres cristianos que hoy tienen que educar a sus hijos en un entorno muy diferente. Cada vez es mayor número de estímulos que impactan en el aprendizaje de los hijos y también mayor la dificultad de ser educados por la familia. La organización familiar se hace diferente y más compleja, y la sociedad y el Estado invaden y asumen cuestiones de la educación de los niños que aun siendo responsabilidad de los padres quedan fuera de su control en edades cada vez más tempranas. Los padres cristianos se ven en ocasiones, superados en sus fuerzas por esta necesidad de educar en un continuo “contra-corriente”, con el añadido de estar ellos mismos afectados por esa dolencia del “sujeto débil” que cada vez afecta a más personas.


Referencias

16 Daniélou, Jean, L’oraison problème politique, Paris, Fayard, 1968.
17 Dumont, Bernard, Hitos para salir de la crisis, bases para una salida de la crisis, preámbulo. En Iglesia y Política, cambiar el paradigma. Itinerarios, 2013.
18 Ibidem.



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Santísima Trinidad: 16° Parte - Santísima Trinidad: Fundamento de la Trinidad - continuación



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

2.1. LAS PROCESIONES DIVINAS INMANENTES EN GENERAL

Continuación

EL HIJO PROCEDE DEL PADRE POR VÍA DE GENERACIÓN

TESIS 2°. “La segunda persona divina, el Hijo,  procede del Padre por generación” (de fe).

A. Explicación 
Admitido que en Dios se dan procesiones inmanentes y que la primera Persona divina no procede de nadie, pasamos a considerar esas procesiones divinas en las otras Personas. Y afirmamos que la segunda Persona procede del Padre por medio de "generación", sin determinar aún en qué consiste la naturaleza íntima de esa divina "generación".

Interesa, pues, aplicar el concepto de "generación". Teniendo en cuenta lo que la filosofía y la teología entienden por esta palabra, podríamos definir la "generación" como: "el origen que un ser vivo tiene de otro ser vivo mediante una operación vital que tienda por sí misma a comunicar su misma naturaleza". Vemos que se requieren tres condiciones para que exista generación:

  • Que un ser viviente proceda de otro viviente, por ejemplo, como un hombre de otro hombre.
  • Que lo engendrado sea de la misma naturaleza que el generante.
  • Que proceda mediante una operación vital que por sí misma tienda a comunicar al engendrado la misma naturaleza que hay en el que engendra.


Cuando hablamos de generación en esta tesis, nos referimos lógicamente a la "generación" divina que es inefable y cuyo concepto puede aplicarse sólo analógicamente a las generaciones creadas que nosotros conocemos. En efecto, la "generación" divina es eterna, mientras que las generaciones de las criaturas son en el tiempo. La "generación" divina es inmaterial, como corresponde a una naturaleza espiritual; la generación creada es material.

B. Magisterio de la Iglesia

  • Símbolo de los Apóstoles: " Creo... en Jesucristo su único Hijo"
  • Símbolo de Nicea: " Creemos... en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir de la substancia del Padre..."
  • Símbolo de Constantinopla: "Creemos... en un solo Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, nacido
  • Símbolo Niceno-Constantinopolitano: "Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo Único de Dios,  nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios; Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado de la misma naturaleza que el Padre, por quien fueron hechas todas las cosas, quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos...".

C. Adversarios

Todos aquellos que niegan la Trinidad, especialmente los arrianos, para los cuales el Verbo procede del Padre por creación temporal y, por tanto, no le corresponde el nombre del Hijo más que por adopción y en sentido amplio y no en sentido de consubstancial.

D. Sagrada Escritura

  • Jn 1,14-18: "... A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado".
  • Jn 3,16.18: " Porque tanto amó Dios al mundo que dió a su Hijo único... pero el que no cree (en Él), ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios".
  • Rom 8,32: "El que no perdonó a su propio Hijo...".


Observemos que la segunda Persona no sería ni se llamaría Hijo único, natural, verdadero, propio y amado del Padre si no procediera de El por verdadera generación.

E. Conclusión

En la procesión del Hijo a partir del Padre se dan en grado eminente y despojado de imperfecciones, los elementos esenciales del concepto de generación: origen que un ser viviente tiene de otro ser viviente por comunicación de su propia naturaleza. En la generación divina del Hijo no se dan las imperfecciones de la generación creada.


EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO POR VÍA DE ESPIRACIÓN

TESIS 3°. "La tercera Persona divina, el Espíritu Santo, procede del Padre y del Hijo como de un solo principio, no por generación sino por una única espiración" (de fe)

A. Explicación

Hemos tratado de la primera Persona que no tiene principio de procedencia, y de la segunda Persona que procede sólo del Padre por generación. En esta tesis consideramos a la tercera Persona. Y afirmamos:

  • Que procede del Padre y del Hijo
  • Como de un solo principio y una única "espiración"
  • Y no por "generación".

Quiere esto decir que, según las nociones ya conocidas, en Dios además de que el Hijo procede del Padre, vía generación, procede también el Espíritu Santo mediante una acción divina  inmanente, "procesión", que ciertamente no es "generación" y, por tanto, esta nueva Persona que procede no puede llamarse Hijo. Procede del Padre y del Hijo como de un solo principio, por una única "espiración" y se llama Espíritu Santo.

De aquí que la "procesión" que no es "generación" se le ha denominado "espiración" (del Padre y del Hijo como de un solo principio), porque es la "procesión" del Espíritu Santo. En esta "procesión" del Espíritu Santo se puede hablar de un principio del Espíritu Santo que se denomina: "espiración activa",  y es el acto mediante el cual el Padre y el Hijo se constituyen en "principio" del Espíritu Santo, y de una "espiración pasiva" que es el término de la espiración activa, esto es, la  "procesión" que es la tercera Persona o Espíritu Santo.

Ayudémonos del esquema para entender mejor la Trinidad:

1º. Espiración Activa:


       










2º. Espiración Pasiva:


   







B. Magisterio de la Iglesia

  • Concilio Romano: "Si alguno no dijere que el Espíritu Santo es verdaderamente y propiamente del Padre, como el Hijo, de la divina substancia y verdadero, es hereje"
  • Conc. Constantinopolitano: "Y creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado"
  • Símbolo Atanasiano: "El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente"
  • Conc. IV de Letrán: " El Padre no viene de nadie, el Hijo del Padre solo, y el Espíritu Santo igualmente de uno y de otro, sin comienzo, siempre y sin fin. El Padre que engendra, el Hijo que nace y el Espíritu Santo que procede (por espiración)".


C. Adversarios

Los peumatómacos o macedonianos: (o enemigos del Espíritu Santo),  llamados así por su fundador el Obispo Macedonio, muerto en 362. Negaban la divinidad del Espíritu Santo a quien consideraban como criatura del Hijo apoyándose en las palabras de S. Juan: "Todas las cosas fueron hechas por El", Jn,1,3. Era una influencia derivada del arrianismo y negaban claramente la "procesión inmanente" del Espíritu Santo. La secta cristiana de los "pneumatómacos" nacida del semi-arrianismo, extendió el subordinacionismo al Espíritu Santo, enseñando, en referencias a la cita de Hebreos 1,14, que era una criatura y un ser espiritual subordinado como son los ángeles. Esta herejía macedoniana la atacaron los padres de la Iglesia S. Atanasio, S. Basilio, S. Gregorio Niseno, y Dídimo de Alejandría, defendiendo la divinidad del Espíritu Santo y su consubstancialidad con el Padre. Finalmente esta herejía fue condenada por el Sínodo de Aljandría (362) bajo la poresidencia de S. Atanasio, y también por el Concilio II de Constantinopla (381).

Los griegos cismáticos: bajo la dirección de Focio, (S.IX), afirman que el Espíritu Santo procede sólo del Padre, pero no del Hijo, y por lo tanto rechazan la fórmula "Filioque" introducida en el símbolo.

Algunos modernistas afirman: que el dogma de la procesión del Espíritu Santo por parte del Hijo no dimana en modo alguno de las palabras mismas del Evangelio.

D. Sagrada Escritura

D.1. Explícitamente,  afirma que el Espíritu Santo procede del Padre:

  • Jn 15,26: "Cuando venga el Abogado (Paracletos) que Yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de Verdad, que procede del Padre. El dará testimonio de mí".

D.2. Implícitamente, se afirma que el Espíritu Santo procede del Hijo:

  • Jn 16,13-15:"Cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad completa pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros".
  • Jn 14,26: " El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre".
  • Jn 15,26: "Cuando venga el Abogado que Yo os enviaré por parte del Padre".

En estos textos no sólo se afirma que el Espíritu Santo es enviado por el Padre, sino que también es enviado por el Hijo. Ahora bien, la misión o el envío de una Persona divina implica procedencia, pues la misión no es otra cosa que la comunicación de la voluntad de la Persona que envía  a la Persona enviada para que ésta realice algo fuera de ellas, Jn 5,43. Y, como es lógico, en las Personas divinas la comunicación de voluntad no puede hacerse mediante un mandato o un consejo, al ser todas ellas iguales en naturaleza numérica, sino en cuanto la persona enviada recibe de la Persona que envía la naturaleza divina, es decir, en cuanto que procede de ella por la comunicación de su misma naturaleza.

  • Gal 4,6: "Envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:"¡ABBA", Padre!".
  • Rom 8,9: "El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece".
  • Hech 16,6-7: "Pero no se lo permitió el Espíritu de Jesús".

En estos y en otros textos que pudieran aducirse, el Espíritu Santo es llamado Espíritu del Padre, pero también Espíritu del Hijo, Espíritu de Cristo, Espíritu de Jesús. Por estas expresiones se indica la relación a modo de pertenencia, y ésta no puede ser en las Personas divinas sino la relación de origen o procedencia.

E. Conclusión

En primer lugar, el Hijo recibe del Padre todo lo que Éste tiene, salvo la paternidad. Pero el Padre tiene que de Él procede el Espíritu Santo. Luego el Hijo recibe del Padre que el Espíritu Santo procede también de Él.

La razón que da Sto. Tomás se apoya en que el único motivo de distinción entre las divinas Personas es: la relación de origen de una Persona a otra, ya que en Dios "todo es uno donde no obsta la oposición de relación". Si el Espíritu no procediera también del Hijo, no podría distinguirse realmente de Él.


Artículo 2º. Exposición especulativa de las procesiones divinas inmanentes

1. El principio formal de las procesiones divinas

Una vez que se ha demostrado la existencia de dos procesiones inmanentes en Dios: (Una, del Padre al Hijo, vía generación. Otra, del Padre y del Hijo al Espíritu Santo, vía espiración). Y, del "principium quod" (o supuesto subsistente del que se originan las procesiones) y es el Padre en la generación del Hijo; y el Padre y el Hijo, como un solo principio, en la procesión del Espíritu Santo, vía espiración, cabe indagar cuál es el "prinicipium quo" (o principio formal) de estas dos procesiones, es decir, qué es lo que explique de algún modo la razón de esas procesiones, siempre teniendo a la vista los datos de la Revelación. Veamos el siguiente esquema:


PADRE (principium Quod) ----------> VERBO (principium Quo)




del PADRE y el HIJO (principium Quod)------>ESPIRITU SANTO (principium Quo)  


TESIS 4°. "La segunda Persona, el Hijo, procede del Padre, según la operación del entendimiento"

A. Explicación

Teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente, la tesis afirma que el principio formal próximo de la segunda Persona es el entendimiento del Padre, es decir, que el Hijo procede del entendimiento del Padre o según su operación intelectual. Así como en nuestro entendimiento procede el verbo, idea, concepto o palabra a modo de generación, siquiera en un sentido limitado y lato, de modo análogo en el entendimiento del Padre procede el Verbo, Idea, Concepto o Palabra mediante una generación perfecta y en sentido estricto.

La tesis se refiere a la procesión del Verbo por la operación intelectiva divina. Por la expresión "según la operación del entendimiento" se quiere evitar que se entienda que el Hijo es la misma operación intelectiva del Padre, siendo, como es, el término de esa intelección divina.

B. Magisterio de la Iglesia

  • Pío VI (año 1794): "El nombre de Verbo importa la misma propiedad que el de Hijo, como quiera que dice S. Agustín: "en tanto se llama Verbo en cuanto que es Hijo".
  • León XIII: "Con gran propiedad la Iglesia acostumbra a atribuir al Hijo las obras en que brilla la sabiduría; al Espíritu Santo, aquellas en que se manifiesta el amor".
  • La Escritura y Tradición llaman al Hijo Verbo; ahora bien, en Dios que es puro espíritu, no hay otro verbo o palabra que la de la mente o entendimiento. Luego el Verbo procede del entendimiento del Padre.

C. Adversarios

Durando de Huesca (España), S.XIII, un hereje valdense que en el año 1207 regresó a la Iglesia católica y en sus errores enseñaba que el Hijo o Verbo procedería de la naturaleza del Padre. Y dice que la Escritura y Tradición aplicarían a la segunda Persona el nombre de Verbo solamente en sentido metafórico.

D. Sagrada Escritura

  • Jn 1,1: "En el principio el Verbo existía, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios".
  • 1 Jn 1,1-3: "Lo que existía desde el principio... acerca del Verbo de vida".
  • Aquí se ve cómo el Verbo inmanente procede del entendimiento divino según la operación intelectiva de Dios. Lo que quiere decir que el Hijo procede del Padre por vía del entendimiento.

E. Conclusión

La principal razón se apoya en lo que enseña Sto. Tomás en el sentido de que en Dios no puede haber más procesiones inmanentes que las que tienen lugar según las operaciones inmanentes propias de una naturaleza espiritual, es decir, las de entender y amar. Ahora bien, la primera operación de la naturaleza espiritual es la intelección. De donde se sigue que la primera procesión inmanente en Dios ha de ser según el entendimiento.


Tesis 5°. "La tercera Persona, el Espíritu Santo, procede del Padre y del Hijo por la voluntad, o según la operación de la voluntad".

A. Explicación

Lo que en la tesis anterior hemos demostrado sobre la procesión del Verbo, estableciendo que su principio formal inmediato no es la naturaleza divina sino una operación inmanente de la misma, esto mismo lo afirmamos aquí respecto a la procesión del Espíritu Santo, sosteniendo que la tercera Persona procede del Padre y del Hijo mediante otra operación inmanente a la naturaleza espiritual, que es la voluntad.

De nuevo nos movemos en el ámbito de la analogía. Digamos en primer lugar, que, aunque la procesión del Espíritu Santo ha sido menos explicitada que la del Hijo en la Revelación, esta procesión tanto a través de la Escritura como de la Tradición designa a la tercera Persona como Espíritu Santo, Caridad, Amor y Don, atribuyéndole asimismo la santificación de las almas. Este modo de hablar indica que la tercera Persona está en relación con la voluntad divina y su operación inmanente.

De acuerdo con la analogía, si el Hijo procede del Padre según la operación intelectiva, al no quedar  otra operación inmanente en Dios más que la voluntad, se infiere que el Espíritu Santo, al proceder del Padre y del Hijo, lo haga según la operación de la voluntad, cuyo acto principal y radical es el amor.

Por la expresión "según la operación de la voluntad" se quiere expresar, que el Espíritu Santo no es la misma operación de amar de Dios, sino que es el término interno del mutuo amor del Padre y del Hijo, a quien comunican su naturaleza divina, es decir, la tercera Persona que es el Espíritu Santo.

B. Magisterio de la Iglesia

  • La Iglesia siempre enseñó, desde los tiempos primitivos, que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (qui ex Patre Fiolioque procedit), si bien la expresión "Filioque" no fue aceptada en toda la Iglesia Universal hasta el S.XI bajo el pontificado de Benedicto VIII (1012-1024).
  • La Iglesia Ortodoxa Griega viene enseñando desde el S.IX que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. Un Sínodo de Constantinopla presidido por Focio (año 879) rechazó como herético la expresión "Filioque" de la Iglesia de Roma. Contra esta declaración de Focio se declaró el 2º Concilio Universal de Lyon (1274) diciendo : "Confesamos con fiel y devota profesión que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no como de dos principios, sino como de un solo principio ... Más como algunos, por ignorancia de la anterior verdad, han caído en errores varios, nosotros, queriendo cerrar el camino a tales errores, con aprobación del sagrado Concilio, condenamos y reprobamos a los que osaren negar que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, o también con temerario atrevimiento afirmen que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de dos principios y no como de uno solo".
  • El Concilio de Florencia ((1438-1445), dice lo siguiente: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ... definimos que por todos los cristianos sea creída y recibida esta verdad de fe, y así todos profesen que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo (Spiritus Sanctus ex Patre et Filio eternaliter est), y del Padre y del Hijo tiene su esencia y su ser subsistente, y de uno y otro procede eternamente como de un solo principio y por única espiración... Definimos además, que la adicción de la palabra "Filioque" = y del Hijo, fue lícita, razonablemente puesta en el Símbolo de los Apóstoles, en gracia de  declarar la verdad por necesidad entonces urgente"
  • Conc. XI de Toledo: " El Espíritu Santo ... se muestra proceder a la vez del uno y del otro (del Padre y del Hijo), pues se reconoce ser la caridad o santidad de entrambos".
  • Catecismo de S. Pío V: " Como el Espíritu Santo procede de la voluntad divina como inflamada por el amor, puede verse que aquellos efectos, que propiamente se refieren al Espíritu Santo brotan del sumo amor de Dios hacia nosotros".
  • Es verdad, teológicamente hablando, que tanto la Escritura como la Tradición llaman al Espíritu Santo, Caridad, Amor, Don. Ahora bien, en Dios que es puro espíritu no hay otro amor, ni otra caridad que la de la voluntad. Luego el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo según la operación de la voluntad.

C. Adversarios

Durando de Huesca (España) 1208. Quien afirmaba que el Espíritu Santo procedía de la “naturaleza” del Padre, y para distinguir la generación del Hijo de la espiración del espíritu Santo afirmaba que la espiración podía denominarse “per modum voluntatis”, en razón de que dicha espiración la verificaran dos Personas, el Padre y el Hijo.

D. Sagrada Escritura

Jn 16, 13-15: "Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros".

E. Conclusión

Sto. Tomás construye el siguiente argumento teológico: "El Espíritu Santo "oye y toma" del Hijo toda la verdad y ciencia. Pero la ciencia y el ser no se distinguen en el Espíritu Santo, sino que son una misma cosa. Luego, si el Espíritu Santo toma del Hijo la ciencia, toma también en El su mismo ser. Luego, el Espíritu Santo procede del Hijo, y también del Padre, puesto que la ciencia del Padre y del Hijo es la misma".
En la Trinidad no se dan más procesiones que las que se realizan según las operaciones divinas inmanentes. Ahora bien, en una naturaleza espiritual como es la de Dios no hay más que dos operaciones inmanentes, una del entendimiento, otra de la voluntad. Luego el Espíritu Santo, procede por la operación de la voluntad, ya que la procesión del entendimiento es propia del Hijo.




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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
Para acceder a las otras publicaciones de esta serie acceda AQUÍ.



Libros Históricos del Antiguo Testamento: Textos para leer y orar




P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.

Para iniciarse en la lectura

Convendría que nos acercáramos a los numerosos libros que contempla este capítulo, en forma fraccionada pero sin perder de vista las lineas generales apuntadas.

Del libro de Josué:
Sobre los espías en Jericó (2,1-24); cruce y paso del Jordán (3,14-4,24); toma de Jericó (6,1-16); y acerca de la asamblea popular en la ciudad de Siquén (24,1-28).

Del libro de los Jueces:
Su interpretación histórica (2,11-23); la líder Débora (4,1-5,31); Gedeón (6,11-24); y el nacimiento de Sansón (13,1-25).

Del 1° de Samuel:
Vocación de Samuel (3,1-21); el pueblo pide un rey (8,1-21); elección de Saúl (10,17-27); lucha entre David y Goliat (17,23-54); y David perdona a Saúl (24,1-23; 26,1-25).

Del 2° de Samuel:
David es consagrado y ungido como rey (5,1-5); conquista de Jerusalén (5,6-12); la profecía de Natán (7,1-29); David y Betsabé (11,1-27); en la muerte de Absalón (18,19-19,9); y el llamado cántico de David (22,1-51).

Del 1° de los Reyes:
Salomón pide sabiduría (3,2-15); inauguración del templo (8,1-66); visita de la lejana reina de Sabá (10,1-13). El ciclo de Elias (caps. 17-21) corresponde más bien al capítulo 7°.

Del 2° de los Reyes:
Conviene hojear el libro para darse una idea de la complejidad histórica a partir de la división en los reinos del Norte y del Sur. El ciclo sobre el profeta Eliseo (caps. 2 - 8 y su muerte en 13,14-21) corresponden al capítulo 7°.

Los 1° y 2° de Crónicas complementan los precedentes. En el libro de Esdras: el regreso de la cautividad desde Babilonia (1,1-11) y la reconstrucción del templo (5,1-6,22). En el de Nehemías, se destaca la lectura pública de la ley (8,1-18).

Las historias de Rut, Tobías, Ester y Judit son breves y de fácil y entretenida lectura. Tratan de ser didácticas.

Podemos introducirnos en el período macabeo con el prólogo del segundo libro de los Macabeos (2,19-32). En él se precisa el género literario, que es el histórico, pero nos indica y subraya que narra "la historia de las manifestaciones celestes en favor de los que combatían por el judaismo” (2,21). Resalta así, el valor del martirio en la muerte de Eleazar y de los siete hermanos y su madre (6,18-7,42), y más adelante destaca el valor de las oraciones por los que mueren en la lucha (12,38-46).

El primer libro de los Macabeos es un ejemplo de literatura nacionalista. Matatías y sus hijos se sienten elegidos por Dios para llevar una guerra santa contra el ocupante extranjero, bajo el pretexto de que sólo Dios puede gobernar a su pueblo. Sin embargo, estas insurrecciones nunca lograron unir a los judíos, ni fueron aprobadas por todos.

El escrito del profeta Daniel manifiesta en este sentido sus propias reservas. Sin olvidar este punto de vista crítico se puede hojear el libro primero de los Macabeos, en el que los líderes se constituyen en los instrumentos directos de Yahvéh.

Hemos de alertar acerca de la lectura del escrito de Daniel. Sus textos son muy complicados en particular en los capítulos de estilo apocalíptico (7-12). Y, por tanto, se recomienda manejar un texto con notas apropiadas. (Puede verse más arriba la estructura de su contenido). El sueño de la estatua (2), el cántico de los tres jóvenes (3,52-90), la cena de Baltasar y la inscripción en la pared (5), Daniel en el foso de los leones (6,2-29), las cuatro fieras y el “hijo del hombre” (7), la gran visión final y ruina del perseguidor (10,1-12,13), la historia de Susana (13) podrían ser objeto de lectura reposada y paciente. Daniel es un profeta críptico y enigmático.


UN PLAN DE TREINTA Y OCHO DÍAS

1 - Preparativos y paso del Jordán (Jos 1,1-5,12).
2 - Toma de Jericó y batalla de Ay (Jos 5,13-8,35).
3 - Pacto con los gabaonitas y conquistas en Palestina (Jos 9,1-12,24). Puede hojearse el reparto de tierras entre las tribus (Jos 13,1-21,45).
4 - Final de Josué como jefe de los judíos ya instalados en Canaán (Jos 22,1-24,33).
5 - Introducción y episodios de Otniel, Ehúd, Samgar, Débora y Baraq (Jue 1,1 -3,6).
6 - Gedeón, reinado de Abimelek, y victoria de Jefté (Jue 6,1-12,15).
7 - Sansón, su fuerza y su debilidad; apéndices (Jue 13,1-21,25).
8 - Infancia y vocación de Samuel (1Sm 1,1-4,1a). El Arca en manos de los filisteos (1Sm 4,1 b-7,17).
9 - Samuel, la monarquía y el reinado de Saúl (1Sm 8,1-15,34).
10 - Saúl y David; victoria sobre Goliat; fuga de David (1Sm 16,1-21,16).
11 - Vida errante de David hasta la muerte de Saúl (1Sm 22,1-31,13).
12 - David, rey de Judá e Israel (2Sm 1,1-8,18).
13 - Campaña contra los ammonitas y pecado de David (2Sm 9,1-12,31). Puede hojearse la historia de Absalón y leer sus hechos relevantes (2Sm 13,1-20,26).
14 - Algunos relatos complementarios (2Sm 21,124,25).
15 - Sucesión de David y sabiduría de Salomón (1Re 1,1-5,14).
16 - Salomón construye el templo y su palacio (1Re 5,15-9,25). Comercio, riquezas y pecados en la corte de Salomón (1Re 9,26-11,43).
17 - Cisma político y religioso a la muerte de Salomón (1Re 12,1-13,34). Pueden hojearse algunos datos sobre diferentes reyes (1Re 14,1-16,34; 22,1 -54).
18 - También a lo largo de la historia de Israel hasta su ruina (2Re 1,1-18; 9,1-17,41).
19 - Lo mismo de Judá hasta su deportación a Babilonia (2Re 18,1-25,30).
20    - Pueden hojearse las diversas genealogías y los datos de la muerte de Saúl (1Cr 1-10).
21 - Pueden hojearse los datos sobre David como iniciador del culto del templo (1Cr 11 -29).
22 - Pueden hojearse los datos sobre Salomón como constructor del templo (2Cr 1-9).
23 - Pueden hojearse las reformas y pecados de la monarquía después del cisma (2Cr 10-27).
24 - Reformas religiosas de Ezequías y Josías (2Cr 28-36).
25 - Regreso del destierro y reconstrucción del templo (Esd 1,1-6,22).
26 - Puede verse lo referente a la organización de la comunidad (Esd 7,1-10,44; Neh 1.1-7,72). También sobre el nacimiento del judaismo (Neh 8,1-13,31).
27 - Libro de Rut (1-4); libro de Ester (1-10).
28 - Libro de Tobías (1-14).
29    - Libro de Judit (1-16).
30 - Prólogo del autor (1 Mac 2,19-32). Cartas a los judíos de Egipto (2Mac 1,1-2,18).
31 - Historia de Heliodoro y persecución de Antíoco Epifanes (2Mac 3,1-6,17). Martirio de Eleazar y los siete hermanos (2Mac 5,18-7,42).
32 - Victoria sobre el perseguidor y purificación del templo (2Mac 8,1-10,8). Campañas y pactos (2Mac 10,9-13,26). Contra Nicanor (2Mac 14,1-15,39).
33 - Penetración del helenismo en Israel (1Mac 1,1-64). Rebelión de Matatías y su prosecución por su hijo Judas (1Mac 2.1-4,61).
34 - Expediciones y pactos hasta la muerte de Judas Macabeo (1Mac 5,1-9,22).
35 - Jonatán jefe y sumo sacerdote (1 Mac 9,23-12,53). Simón, sumo sacerdote, y jefe absoluto de los judíos (1Mac 13,1-16,24).
36 - Jóvenes hebreos, Daniel y Nabucodonosor (Dn 1,1-3,30).
37 - El sueño de Nabucodonosor y el festín de Baltasar (Dn 3,31-5,30). Daniel en el foso de los leones (Dn 6,1-6,29). Sueños, y profecías (Dn 7,1-12,13).
38 - Susana y el juicio de Daniel; Bel y el dragón (Dn 13,1-14,42).


(JUDAS, JEFE DE ISRAEL,) HIZO UNA COLECTA ENTRE SUS SOLDADOS Y REUNIÓ DOS MIL DRACMAS DE PLATA, QUE ENVIÓ A JERUSALÉN PARA QUE OFRECIESEN UN SACRIFICIO POR LOS PECADOS DE LOS CAÍDOS. ACTUÓ CON GRAN RECTITUD Y NOBLEZA, PENSANDO EN LA RESURRECCIÓN. PUES SI ÉL NO HUBIERA CREÍDO QUE LOS MUERTOS HABÍAN DE RESUCITAR, HABRÍA SIDO INÚTIL Y RIDÍCULO REZAR POR LOS ELLOS. PERO CREYENDO FIRMEMENTE QUE ESTÁ RESERVADA UNA GRAN RECOMPENSA A LOS QUE MUEREN PIADOSAMENTE, OFRECIÓ EL SACRIFICIO EXPIATORIO PARA QUE LOS MUERTOS FUESEN PERDONADOS.

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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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La Misa: 19° Parte - La Misa del Vaticano II: Liturgia Eucarística - Preparación de los dones


P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón, S.J.


7.4. LITURGIA EUCARÍSTICA

La liturgia de la Palabra ha despertado la fe en los corazones; ella hace repetir a los fieles en lo más secreto de sus espíritus las mismas palabras de los discípulos de Emaús: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc. 24,32).

El creyente vislumbra el gran misterio encerrado en la Eucaristía, recordado en nuestros días por el Concilio Vaticano II:

“Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche que lo traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la Cruz, y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección...” (SC. 47)

La Iglesia, deseando ser fiel al mandato del Señor de repetir sin cesar el memorial litúrgico, ha organizado la liturgia de la Eucaristía' de tal manera que re-aparezcan en la celebración las palabras y los gestos del Señor narrados por los evangelistas:
‘‘En efecto:
1) En la preparación de las ofrendas se llevan al altar el pan y el vino con el agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.
2) En la Plegaria Eucarística sé dan gracias a Dios por toda la obra de la salvación y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
3) Por la fracción de un solo pan se manifiesta la unidad de los fieles, y por la comunión los mismos fieles reciben el Cuerpo y Sangre del Señor, del mismo modo que los Apóstoles lo recibieron de manos del mismo Cristo” (Ordenación General, 48).

Preparación de los dones

Al comienzo de la liturgia de la Eucaristía se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor. En primer lugar se debe preparar el altar o la mesa del Señor, centro de toda la Misa; para ello se colocan sobre él el corporal, el purificador, el misal y el cáliz. Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles; el sacerdote o el diácono los recibirán en un sitio oportuno y los dispondrán sobre el altar; también se puede aportar dinero u otras donaciones para los pobres o para la iglesia.

Durante la procesión de las ofrendas se debe cantar un cántico propio de ofertorio. Una vez que han sido colocadas las ofrendas sobre el altar, pueden ser incensadas para significar de este modo que la ofrenda de la Iglesia y su oración suben ante el trono de Dios como el incienso.

Todo este rito del ofertorio está lleno de simbolismo religioso: ofrecemos a Dios pan y vino, “frutos de la tierra y del trabajo del hombre”, símbolos de nuestras pobres vidas ofrendadas a Dios como sacrificios espirituales.

El pan, amasado con tantos sudores humanos, bien puede representar nuestras existencias humanas, tan absorbidas por el trabajo cotidiano penoso y monótono, tan angustiadas por la lucha diaria para subsistir, que recuerda las palabras de Dios al hombre pecador: “Comerás el pan con el sudor de tu frente” (Gén. 3,17). Todos estos trabajos los podemos colocar en la patena con el pan y ofrecerlos al Padre con Jesucristo por nuestros propios pecados y por los de todo el mundo.

El vino, sacado de la uva triturada, bien puede representar nuestros padecimientos, las adversidades de todas clases que nos atormentan durante los días de nuestra vida mortal. El hombre parece estar hecho para el dolor, la cruz no le deja nunca de acompañar. Estos sufrimientos nuestros, unidos y mezclados con el vino del cáliz del Señor, se asocian místicamente a los padecimientos de Cristo para completar “lo que falta a las tribulaciones de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col. 1,24).

Antes de ofrecer el vino, el sacerdote o el diácono lo mezcló con un poco de agua. Este rito, según el Concilio de Trento, está lleno de misterios, pues la mezcla del agua con el vino nos recuerda que del Costado de Cristo abierto por la lanza brotó sangre y agua (Jn. 19,34) y además simboliza la unión del Pueblo de Dios con su Cabeza, ya que el Apocalipsis llama a los pueblos “aguas” (Denzinger, 945).

Estas enseñanzas de Trento nos indican la importancia simbólica dé este rito; él nos habla de la unión de lo humano con lo divino, primero en Cristo y después en todo su Cuerpo Místico. Así el sacerdote, al echar el agua sobre el vino, pide a Dios:
“Concédenos, por el misterio de esta agua y de este vino, ser partícipes de la divinidad de Aquél que se dignó serlo de nuestra humanidad, Jesucristo, nuestro Señor”.
Los fieles han ofrecido bajo el símbolo del pan y del vino sus trabajos y sus sufrimientos, unidos al sacrificio de Cristo como se une la gota de agua con el vino del cáliz. ¿Qué más pueden ellos ofrecer? Se puede y se debe ofrecer el corazón, es decir, toda la persona humana, movida por el amor. Así el dinero que el católico da en la colecta, destinado a los pobres y al culto divino, bien puede significar el despego de los deseos mundanos, tan necesario para cumplir con el gran mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Por eso, mientras se hace la colecta, el sacerdote suplica con humildad:
“Con espíritu de humildad y con corazón contrito seamos recibidos por ti, Señor; y de tal manera se haga nuestro sacrificio en tu presencia hoy, que te sea grato, Señor Dios”.
La comunidad de los fieles ha ofrecido a Dios por medio de Cristo sus trabajos, sus sufrimientos, sus corazones simbolizados en el pan, en el vino y en la colecta. Para subrayar el sentido religioso de estas ofrendas se las puede incensar. Se desea envolverlo todo en una atmósfera sagrada, por ello se inciensan los dones ofrecidos; se inciensa la Cruz, figura de Cristo Crucificado; se inciensa el altar, símbolo de Cristo Sacerdote, Víctima y Altar; se inciensa también al sacerdote, a los ministros, al pueblo. .. Todos son templos del Espíritu Santo. Y con el incienso se eleva hacia Dios la oración interior y recogida de los participantes en la Misa.

El celebrante se lava las manos para indicar con ello un deseo de purificación religiosa, por eso dice: “Lávame, Señor, de mi iniquidad y purifícame de mi pecado” (Salmo 50,4). Luego habla al pueblo:
“Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”.
El pueblo le responde:
“El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia”.
Los pequeños dones humanos, unidos a la oblación de Cristo, se trasforman en un sacrificio agradable a Dios Padre y por lo mismo redundan en alabanza y gloria de Dios y en bien de todo el Pueblo de Dios.

El rito de la preparación de los dones termina con la “Oración sobre las Ofrendas”. En ella se pide de una u otra forma que Dios reciba benigno los dones humanos y los trasforme en el Sacramento de nuestra salvación.


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Referencia bibliográfica: P. Rodrigo Sánchez Arjona Halcón, S.J. "La Misa en la religión del pueblo", Lima, 1983.

Parábola de los dos hijos



P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XXVI 
del Tiempo Ordinario

Mateo 21, 28-32

«A ver qué os parece. Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’ Él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Él respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» —«El primero», le dicen. Jesús añadió: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
Palabra de Dios.


No bastan las buenas palabras sino las buenas acciones.

Una parábola muy breve, y dedicada especialmente a los fariseos: se trata de dos hijos, a quienes el Padre manda algo, uno dice que sí, pero no lo hace; el otro dice que no, y termina haciendo lo que su Padre le ha pedido. Va dirigida a los fariseos que aparentan decir que sí, con su vida “superficialmente recta” pero no hacen lo que realmente quiere Dios, que es que acepten a su Enviado.

Es muy aleccionadora esta parábola y es verdad que eso ocurre muchas veces, en las cosas de la vida. Hay quienes parecen decir que sí, y no hacen nada, proponen muchas cosas, pero nada de nada. Y otros que parecen muy rebeldes, pero son al final los que obran más rectamente y los que más ayudan al prójimo.

¿Qué significa decirle sí a Dios? Porque en esto está lo central de este asunto. ¿Bastan buenas palabras, propósitos hechos en un retiro?, ¿o hace falta algo más? Decirle sí a Dios en la conducta diaria, y no sólo de palabra, sino en las obras. Es una respuesta fundamental, a Alguien que nos llama. ¿Hasta qué punto le hemos dicho sí a Dios?

Cuando fuimos bautizados, éramos muy pequeños, nuestros padres y padrinos dijeron que sí a Dios, por nosotros. Después, a lo largo de los años, nos tocó a nosotros asumir lo que ellos prometieron por nosotros. Y entonces es cuando nuestro sí empezó a desvanecerse, y hasta quizá hasta desaparecer: habíamos dicho que sí, y después resultó que no.

Hicimos la primera comunión, y le dijimos sí a Jesús (¿no estábamos demasiado aturdidos por los agasajos para saber qué es lo que decíamos?) Y esa amistad prometida, en ese momento tan hermoso, no logró consolidarse. Todavía no sabíamos bien lo que hacíamos, y Quién era el que nos pedía una respuesta.

Pasaron los años: pasaron muchos años y muchas cosas. Y cada uno sabe su historia personal. Si las repetidas respuestas dadas al Señor eran concretas o se desvanecían fácilmente en el olvido de lo prometido. Nos hemos mantenido tanto tiempo en el “sí, pero no”. Ha habido momentos en que parecía que ya arrancábamos de verdad; parecía que el sí a Dios al final iba ya en serio. Pero el tiempo, el desgaste, el aburrimiento, la falta de perseverancia, volvía a transformar en no ese nuestro sí, que había parecido contundente.

Y ¿a qué se le dice sí, cuando Dios pregunta? Cuando me pide una respuesta, ¿qué quiere en realidad de mí?. Es atreverse  a darle la vida entera, sin recortes y sin límites. ¿Nos llama Dios al amor y a la mistad? ¿Nos arriesgamos a querer a Dios y a dejarnos querer por El? Decimos a veces sí, pero cuidando la retirada. No nos atrevemos a adentrarnos en el bosque, sino que nos quedamos en el sitio donde todavía nos es posible retroceder. Porque la aventura de ir adentro, por un camino desconocido nos da mucho miedo y queremos asegurar la retirada.

Y es que El que nos llama, no nos explica de ninguna manera todo, desde el principio, y ahí está el comienzo de la respuesta, en fiarnos completamente. Decirle sí sabiendo sólo que es El. Lo llamamos nuestro Salvador, pero le tenemos miedo. Le llamamos Bueno, pero no nos fiamos del todo. Le decimos Padre, pero tememos que no nos dé lo mejor. Reservas, dudas, temores, frialdad, cobardía. Esos son elementos que acompañan nuestra respuesta. Nos cuesta mucho salir del “sí, pero no”. Y la forma de decir sí al fin, es cerrar los ojos y zambullirnos (aunque sea con miedo) en el abismo; aparente abismo, porque en realidad es sumergirnos en un abrazo inconmensurable.



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Parábola de los viñadores homicidas



P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XXVII
del Tiempo Ordinario

Mateo 21, 33-43

«Escuchad otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió sus siervos a los labradores para percibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro lo mataron, a otro lo apedrearon. Envió después otros siervos, en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán.’ Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí:
‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.’ Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le respondieron: «Dará una muerte miserable a esos miserables y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a su tiempo.» Jesús les dijo: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras:
La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos. 
Palabra de Dios.


El Señor nos hace reflexionar para ver qué fruto le damos con la vida (esa es nuestra viña) que Él nos ha dado.

Hoy se nos narra la parábola del dueño que renta su viña, y que después reclama a los arrendatarios que le entreguen sus frutos, y que termina con la muerte del hijo del dueño de la viña.

Esta parábola está dirigida especialmente a las clases judías dirigentes: Dios les ha encomendado su pueblo, su viña, y cuando les manda mensajeros para que le devuelvan algún fruto, se niegan a entregar los beneficios y terminarán matando al Hijo. Como de hecho terminaron llevando a Cristo a la muerte de cruz.

Aparte de este sentido específico que tiene para aquel entonces, esta parábola también tiene para nosotros una lección. Quizá podemos compararla con la parábola del sembrador y con la de los talentos. Porque tiene algunas semejanzas con ellas

En la del sembrador se plantea el problema de la necesidad de que el terreno dé buenos frutos. En la de los talentos se nos dice que hay que producir fruto con los talentos recibidos. En esta de hoy igualmente se reprocha a los arrendatarios que no devuelven fruto al dueño del campo. Tienen mucho en común y en particular, coinciden en la exigencia de producir fruto: hemos recibido una semilla, o unos talentos, o una viña, y debemos retribuir al Señor con nuestros frutos.

Claro que hay matices diversos entre las tres parábolas, pero hay lección de fondo común: tener una vida fructuosa. El Señor que nos ha dado tanto, espera que produzcamos fruto, que le devolvamos lo recibido pero con beneficios. Aparte, naturalmente, del sentido tremendamente trágico que tiene la parábola de hoy, que termina con la muerte violenta del hijo del dueño. En este caso, los arrendatarios, no solamente no dan fruto, sino que además matan; qué tremendo es que no sólo no demos frutos para Dios, sino que además lo matemos en nuestro corazón.

Es necesario reflexionar sobre el hecho fundamental del dar fruto. Hemos recibido una vida, de parte de Dios; además con esta vida hemos recibido dones, enseñanzas, hemos sido colmados de gracias de Dios. Nuestra vida es una sucesión de riquezas que Dios nos ha concedido. Y espera que nuestra vida produzca sus frutos. Dios nos quiere, y no acepta que nuestra vida sea inútil, una vida para nada. Naturalmente no es que nuestros frutos lo vayan a enriquecer a El. Se trata de nosotros mismos y de nuestro prójimo: ¿a quiénes ha beneficiado nuestra vida? Esos son los frutos que Dios espera de nosotros.

Pero se ha insistido siempre principalmente en los frutos como buenas obras: frutos de una vida, así pensamos: son las actividades apostólicas, el servicio de los misioneros, las obras de caridad que hemos realizado, nuestra lucha por la justicia, la siembra de valores: en fin una cantidad de buenas obras, de actividad en bien de los hermanos, de la sociedad, del mundo. La colaboración con la Iglesia de la obra de la salvación.

Pero, se puede hacer una pregunta ¿sólo de eso se trata? Se pensaría en Dios como un empresario (aceptemos la comparación) de una gran empresa apostólica. El gerente de esta empresa, en que se “producen” campañas, difusión de valores, lucha contra el hambre, cristianización; y quiere que haya colaboradores, a nivel gerencia, en mandos intermedios y como obreros. Y las parábolas irían entonces encaminadas a exigir la efectividad apostólica: la realización de obras.

Todo eso está bien, pero ¿sólo de eso se trata? ¿Y la relación personal? ¿Cuál es el verdadero fruto que Dios espera de nosotros? El fruto que Dios espera de nosotros es nuestra propia persona. Lo que Dios quiere como fruto, es que nos entreguemos a El voluntariamente. Dios no es un gerente de una empresa apostólica, es un Padre, es un amante celoso. Lo que le interesa es nuestro corazón, nuestra vida dedicada a amarle. El considerar sólo el fruto como las buenas obras, es una forma incompleta de ver el problema y una forma incompleta de examinar la lección que encierran estas parábolas.

De hecho la semilla, los talentos y la viña no son cosas que Dios nos da, son propiamente su gracia (que es su propia vida), es su amor, es su Hijo que nos salva. Así que en todo eso que Dios nos da y de lo que espera fruto, lo que hay de más esencial es su amor: Dios nos da su amor, se nos da El mismo, y por eso el fruto que espera es nuestro amor, El espera la donación de nuestra persona: entregarle libremente esta vida que es el mayor don del que cada uno de nosotros disponemos.





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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Parábola del banquete nupcial



P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XXVIII
del Tiempo Ordinario

Mateo 22, 1-14

Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas. Les dijo: 
«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Venid a la boda.’ Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. El rey, enojado, envió sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos e invitad a la boda a cuantos encontréis.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Cuando entró el rey a ver a los comensales vio allí a uno que no tenía traje de boda. Le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.’ Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»
Palabra de Dios.


Aceptemos las invitaciones de Dios.

¿Quién se casa? Nada menos que el hijo del Rey. Y ha enviado tarjetas de invitación a muchas personas. De eso trata esta parábola que nos narra hoy el Evangelio. Muchos invitados no quisieron asistir. Y el Rey insiste, casi suplica a los invitados diciéndoles que el banquete está preparado. Y nadie hizo caso de esta insistencia, sino que cada uno se marchó a sus propios asuntos, y algunos incluso mataron a los mensajeros.

Es una nueva lección dirigida a los fariseos, para que acepten la invitación a la boda del hijo del Rey, o sea para que acepten la salvación que nos trae Jesús. Y ellos no aceptaron la invitación a esta boda y a este banquete.

El Señor sigue invitando, también ahora, a la boda de su Hijo. ¿Con quién se casa? Esta forma de hablar sobre el matrimonio referido a Dios es frecuente en la Sagrada Escritura. Con frecuencia se refiere a la Alianza que Dios establece con su pueblo, en el Antiguo Testamento. Dios considera al pueblo como su esposa, y por eso le reprocha el que sea esposa infiel, cuando se aparta de los compromisos de esa alianza. Y también en el Nuevo Testamento se habla en los términos de matrimonio, para referirse a las relaciones de Cristo con la Iglesia.

Se trata entonces en esta parábola de la invitación a participar en este matrimonio de Cristo con la nueva humanidad, que se hará mediante la redención. Algo muy serio y maravilloso es esta invitación a la boda del Hijo del Rey. Y no se trata de ser espectadores de esta ceremonia, sino de quedar involucrados: somos parte de esa Iglesia con la que se casa el Hijo del Rey.

Pero hay muchas excusas: cuántas habrá recibido de los invitados el Señor. Y cada uno tiene sus propias razones. Dios nos invita a ser sus íntimos (con la intimidad del amor), y algunos prefieren estar lejos, porque este compromiso absorbe demasiado; hay que estar en los propios asuntos, distraídos en una vida cotidiana llena de rutinas y de ocupaciones, con las que vamos llenando nuestro tiempo. Cada uno sabe bien que el Señor invita a la intimidad, y no nos atrevemos. Estamos muy ocupados con los asuntos de este mundo, y nuestra mente,  nuestros corazones están atrapados dentro de otros amores, amores de este mundo. Y el “emisario” insiste y nos vuelve a invitar a la boda del Hijo del Rey.

Por otra parte aceptar la invitación en forma total de alguna manera nos hace como salir de este mundo, para vivir en otra dimensión. Y esa es la principal dificultad que ponemos para no entrar en el banquete: decimos hay que pisar tierra, y de tanto pisar tierra nos hundimos algún tantito en esa tierra.

Y no es que el aceptar la invitación, o sea el dar el paso a la otra dimensión, nos haga irreales. No se nos invita a la evasión; porque tenemos que vivir la vida real que Dios nos regala; pero atrevernos a salir a esa nueva dimensión es en verdad entrar más en la realidad (no hay nada más real que Dios); y es la mejor manera de vivir la vida que Dios nos regala.

Pero en esta lucha contra la invitación, hay quienes prefieren matar a los mensajeros que llevan la invitación, y terminan matando también al Hijo del Rey. Hay quienes matan a Dios en su interior, para evitar el ser invitados de nuevo. Que se callen todas las voces molestas, que nos llaman, que nos recuerdan la invitación. Matar al mensajero, y cuando no, bastan unos buenos tapones que nos impidan oír esas voces que nos exigen participar en la Boda. Qué terrible constatar que hay personas que matan a Dios dentro de sí mismos.

Participar en la Boda es una forma bella de decirnos que entrar en ese misterio es asistir a la Fiesta: estamos destinados a vivir la vida como una fiesta, y eso se realiza aceptando la invitación a la Boda del Hijo del Rey.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Oraciones diarias para unirnos a la Red Mundial del Papa en el mes de OCTUBRE 2017 - ClickToPray, 1 al 31

Material de ClickToPray para el mes de SEPTIEMBRE
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Agradecemos al P. José Enrique Rodríguez S.J.
Secretario Nacional del AO Perú por compartir este material con nosotros.

Material elaborado por la Provincia de la Compañía de Jesús de Argentina-Uriguay-Paraguay